Colorin

Antes del año de 1952 de la presente era, el árbol conocido con el nombre común de colorín, se podía ver profusamente plantado en el suelo de la ciudad de Zumpango de Ocampo, Estado de México, un poco más abundante hacia el norte de la ciudad, donde la superficie es más consistente por ser derivada de tepetate.

Resulta que en el tiempo cuando se construyó la Ciudad Universitaria en la Ciudad de México durante el régimen presidencial del Lic. Miguel Alemán, llegaron brigadas de trabajadores a Zumpango y se llevaron en camiones bastantes árboles de colorín para reproducirlos y plantarlos en avenidas y calles de colonias residenciales de las lomas de Chapultepec, igualmente en lugares de cercanía de la Ciudad Universitaria en obra.

El señor Juan Moreno Meléndez comerciante ambulante de nieves, recorría para su venta todas las calles de la población, todos los días por lo que él se dio cuenta del caso mencionado antes. Una ocasión me lo platicó.

El nombre científico del vegetal es Erythrina americana; en lengua maya k’ante, significa “árbol del jaguar o de la garra roja”; en náhuatl se llama tzonpancuautli, que expresa “árbol tzonpantli”, es decir, árbol de la palizada en donde se cuelgan las cabezas de los “sacrificados”. La metáfora dice “porque las flores rojas del árbol parecen cabezas sangrantes”, más adelante citaré una aclaración por qué se dice “sacrificios”, lo cual nada tiene que ver con los sacrificios humanos que algunos historiadores, escritores y arqueólogos lo argumentan.

El tzonpantli fue un árbol sagrado entre los mayas y nauas. La madera del vegetal es bastante blanca, suave, ligera y resistente, de ella hacían y se hacen máscaras y esculturas; imágenes de cristos famosos en México, como la del Señor de Chalma, y en Zumpango las del Señor del Barrio y El Señor del Petate actualmente expuesto en la “capilla abierta” pero que antiguamente se veneraba en el altar mayor de la iglesia de la Purísima Concepción.

Las ramas del tzonpantli o tzonpantle, se tupe de verde y hermoso follaje en la época de lluvia, sus hojas parecidas a un corazón penden de un tallo delgado en forma de cruz latina, en cada punta, son tres, pende una hoja, la de en medio puede significar la voluntad y las de los extremos, la memoria y la inteligencia llamadas en náhuatl, uitzilopochtli, el sol; tezcatlipoca, espejo negro que humea o la luna, y quetzalcoatl, serpiente vestida con plumas de quetzal, respectivamente.

Cuando cesan las lluvias se desprenden las hojas de las ramas y emerge encima de ellas la bella flor roja, así mismo en lo alto de las ramas surgen unas vainas que cuando se secan en su interior guarda unas semillas duras no muy pequeñas de hermoso color rojo llamadas patol.

Unos puntos agujerados en la cascara de la semilla, pintados de blanco, como si fueran dados, eran aventados sobre un petate tendido en el piso, pintado con dibujos en un cuadrángulo que rodeaba la orilla del petate y el en interior, una cruz a manera de letra equis donde había marcados 52 cuadritos con los signos de los días, meses, años, ciclo y otros símbolos. Era un juego a manera de pasatiempo.

El juego llamado como la semilla -patol- podía ser jugado por personas de distintas edades, pero en especial, las niñas y niños, a partir de los 7 años de edad, con la finalidad de mejorar bastante el sentido de la memoria, pero también el de la inteligencia. Había personas expertas en jugar el patol lo cual les permitía la capacidad de predecir o pronosticar destinos o futuro de personas o de muchas otras más cosas.

Con respecto al topónimo tzonpanco, resulta interesante resaltar que la escritura jeroglífica del vocablo tzonpanco tiene relación con tres significados. El primero, “en el tzonpantli” árbol colorín que a su vez se relaciona con el sacrificio humano; segundo, es una medida de tierra agraria y tercero, con el fenómeno topográfico que aparece en el lado norte del centro de Zumpango y es la loma Santiago cuya conformación tiene una semejanza a la coronilla de la cabeza humana: “co” en; “pantli” encima o sobre, y “tzon” cabellera o cabeza, “lugar sobre la cabeza”.

A continuación, vera unos poemas en prosa, del árbol de colorín y un poema de “Trovador Indio”.

“La crónica de mi pueblo. Testimonio de la historia”

Tronco de robusto árbol,
que en tus ramas
encima brotan,
borbotones de rojiza sangre
en pechos
de esforzados mortales.

humanos, que
sacrificados, ofrendan
con denuedo
sus grandes corazones;

energético alimento
que come con ansiedad
la voluntad
del propio humano.

Voluntad creadora,
engendradora de ciencias,
arte y tecnología;
sabiduría infinita
que produce, ennoblece.

Este es tu significado, ¡colorín!
árbol emblemático
de nuestro muy querido
¡Zumpango!

Colorín: palabra castellana
tzonpantle, voz naua
tzonpanco: “en el tzonpantle”
Zumpango: nahuatlismo
hermoso vegetal simbólico
de nuestra ciudad Zumpango.

Árbol tzonpantle
tú colorida flor
es flama
qué enciende fuego
fuego que alumbra
conocimientos infinitos
qué se alojan, con sacrificios,
en la cabeza humana.

Pero al mismo tiempo,
es sangre
sangre emergida del pecho
para extraer el corazón
y ofrendarlo amoroso
como nutriente alimento
de la voluntad

voluntad creadora
de la gente sacrificada
de ¡Zumpango!

Árbol colorín, eres tú, tzonpantle,
tzonpantle, eres tú, colorín,
sangre y fuego
es tu colorida flor;

Innumerables, nobles corazones, que,
asemejan las hojas
de tu frondoso verde follaje

corazones (carne) son el vital alimento
de la voluntad logradora
que solo se alcanza con sacrificios.

Alejandro

Nuestros antepasados, los nauas, consideraban ocho sentidos esenciales del ser humano: la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato, la memoria, la inteligencia y la voluntad, este último personificado por el sol, uitzilopochtli.

“Qué los sentidos coman con avidez,
y que, como las abejas, transformen los alimentos
en miel,
para que con esa miel alimenten a tezcatlipoca
y para que, con la carne y sangre de éste,
se alimente quetzalcoatl.
Pero que uitzilopochtli, coma su propia carne y
beba su propia sangre”.

Canto naua

Espadas bermellón al aire enhiestas
sin bélica expresión ni furia y dolo,
ahí se calva el corazón de edo
como en múltiples manos sobrepuestas.

Colorín, extraña flor de rojas fiestas
que el gozo vegetal reparte en bolo
y aunque el tronco sin hojas esté solo,
tu flor es un penacho en grises testas.

Tus manos y tus dedos rompen dianas
cada vez que amanece y arde en gozo
la alegría de la luz en las mañanas.

Le desdoblas lo azul de su rebozo,
y al rozar a tus múltiples cananas,
disparas tus rubíes con alborozo.

“Trovador Indio

El árbol colorín -tzonpantle- es nativo de Zumpango, el clima y tipo de suelos, son propicios para su desarrollo.

Adopta uno y plántalo en tu jardín es emblema de nuestra ciudad de Zumpango.

Nota: Las palabras de origen de lenguas mexicanas, deben escribirse en letra minúscula, sin acentos y respetando su ortografía. INAI (Instituto Nacional Indigenista).
Es correcto escribir tzonpantli, pero una “e” en lugar de “i”, denota sentimiento de alegría, belleza e importancia.

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